Debido a esta circunstancia, las últimas poblaciones de lobo
fueron relegadas a las zonas mas vírgenes y salvajes de Norteamérica
y a las zonas menos desarrolladas del resto del mundo. De este
modo, el público en general y los gestores en conservación de
la naturaleza creían que los lobos preferían naturaleza salvaje.
La especie venía pues a simbolizar naturaleza salvaje; "lobos
y naturaleza virgen y salvaje son inseparables." (Theberge 1975:152).
El lobo sobrevivió solo en estas zonas salvajes siendo exterminado
de otras áreas. Después de que la Ley de Especies en peligro de
extinción de EEUU de 1973 protegiera al lobo en 48 Estados contiguos
y de que la actitud del público hacia los lobos mejorara, la especie
empezó a colonizar una gran variedad de hábitat y a demostrar
que no requerían solo naturaleza virgen y salvaje. Sus poblaciones
han empezado a recuperarse en el Norte de EEUU y en diversas áreas
de Europa. La cuestión futura no será como salvar al lobo sino
será cómo realizar el mejor manejo de la especie. Este artículo
describe la historia de su status así como de su recuperación
y analiza el dilema de su manejo.
Originalmente, los lobos grises se distribuían a través de todo
el Hemisferio Norte allí donde existían grandes ungulados. Era
común en la mayoría de las regiones entre el paralelo 20 (mitad
de México e India) y el polo Norte, habitando áreas tan diversas
como Israel o Groenlandia y soportando temperaturas entre los
-40· y los +40·.
Cualquier especie de ungulado silvestre además del Castor (Castor
canadensis) y la Liebre Artica (Lepus arcticus) es presa potencial
del lobo; los lobos además pueden fácilmente cambiar hacia presas
de animales domésticos por las salvajes. Los conflictos entre
los lobos y los humanos comienzan tan pronto cuando el hombre
empieza a domesticar a los ungulados.
Las armas de fuego, los venenos y las trampas fueron utilizadas
sin piedad contra los lobos con devastadora eficacia (Young &
Goldman 1944). En Eurasia, la mayoría de las poblaciones de lobo
llegaron a su punto más bajo entre los años 1930 y 1960 (Pimlott
1973; Delibes 1990; Promberger & Bibikov 1993). En las regiones
más desarrolladas de Eurasia los lobos desaparecieron excepto
de los Apeninos en Italia, de los montes cantábricos del Norte
de España, de los Cárpatos del Este de Europa, de ciertas áreas
del Norte de la antigua Unión Soviética así como de las llanuras
y regiones montañosas de Asia. Algunas poblaciones también permanecieron
en los desiertos de Oriente Medio. En Norteamérica, la cifra de
lobos más baja corresponde a finales de los años 50. Poblaciones
primigenias sobrevivieron en Canadá y Alaska (Mech 1970). En los
48 Estados contiguos de los EEUU solo existían lobos en las partes
más salvajes del Norte de Minnesota y en el cercano Parque Nacional
de la Isla Real en el Lago Superior.
La revolución medioambiental fue planteada en la primera norma
sobre especies en peligro de extinción de los EEUU; se trataba
de la Ley de Especies en Peligro de Extinción de 1966. Esta Ley
no protegía las especies en peligro sino que únicamente animaba
a las agencias federales a darles una especial consideración y
a promover su recuperación.
En este tiempo la información sobre los lobos era anecdótica
y basada en rumores. Las primeras notas de Young & Goldman (1944)
y los estudios de campo en el Monte McKinley de Murie (1944) fueron
prácticamente la única información válida publicada, siguiendo
luego unos pocos estudios más. Después del gran impacto producido
por la investigación de Durward Allen sobre los lobos y los alces
en el Parque Nacional de Isla Real publicado en el National Geographic
(Allen & Mech 1963), los estudios sobre los lobos se multiplicaron.
En 1967 fue celebrado el primer Symposium sobre el lobo, organizado
por la Sociedad Americana de Zoólogos dando lugar al manifiesto
de 1967 en el American Zoologist. Para entonces toda la fuerza
del movimiento medioambiental se podía notar. Organizaciones privadas
sobre el lobo surgen en muchas áreas convirtiéndose la especie
rápidamente en popular en los EEUU y en el extranjero.
En Italia Luigi Boitani y Eric Zimen fueron los pioneros en
estudiar al lobo en los Montes Abruzzos, al este de Roma (Zimen
1981; Boitani 1986). El Fondo Mundial para la Vida Salvaje (WWF)
y la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza
(UICN) tomaron gran interés y el lobo fue incluido en el Libro
Rojo de las especies en peligro de extinción de la UICN. El Grupo
de Especialistas del Lobo de la UICN fue creado en 1973 (Pimlott
1975).
Mientras tanto el radioseguimiento, técnica especialmente útil
para investigaciones sobre el lobo, se desarrolla a partir de
los años 60 ( Cochran & Lord 1963). Los lobos eran difíciles de
estudiar con los métodos tradicionales ya que estaban restringidos
a las áreas más salvajes, son huidizos y sus poblaciones tenían
una baja densidad. Kolenosky y Johnston (1967) fueron los primeros
que utilizaron la técnica del radioseguimiento con lobos en Ontario.
Mech y Frenzel (1971) combinaron esta técnica con el seguimiento
aéreo y numerosos estudios usando estas técnicas empezaron a realizarse.
La segunda Ley de Especies en Peligro de Extinción de EEUU,
aprobada en 1973, protege al lobo en 48 Estados contiguos a partir
de Agosto de 1974. Equipos de recuperación fueron designados por
el Servicio de Pesca y Vida Salvaje de los EEUU para las tres
subespecies de lobo, - el lobo de los bosques, el lobo de las
Montañas Rocosas y el lobo mexicano -, además del lobo rojo (U.S.
Fish and Wildlife Service 1975, 1982a, 1982b, 1987). Al principio
muchos lobos fueron matados ilegalmente (Mech 1977) pero luego
sus capturas decayeron y fueron expandiéndose (Fuller et al. 1992),
recolonizando primero las áreas mas remotas y sus alrededores,
reforzando la idea de "criatura" salvaje.
La mayoría del público malinterpretó el status del lobo como
especie en peligro de extinción en los 48 estados contiguos pensando
que esto significaba que no existían lobos en ninguna otra parte
del mundo. Los grupos privados empezaron a criar lobos a fin de
restaurar sus poblaciones, sin darse cuenta de que Canadá ya por
si misma, tenía 50.000 ejemplares. La aparente dependencia del
lobo de áreas salvajes fue cuantificada en los años 70 y 80 utilizando
la densidad de carreteras como método de medida. Las carreteras
fueron las rutas por las cuales tanto el público como el gobierno
habían sido capaces de matar lobos. Thiel (1985) encontró que
los lobos que recolonizaban Wisconsin solo vivían en aquellas
zonas donde la densidad de carreteras era menor a 0.6 km. por
km2, valores corroborados para Michigan (Jensen et al. 1986) y
para Minnesota (Mech et. Al 1988). El lobo entonces pasó a ser
un animal salvaje y el método de densidad de carreteras se convierte
para las agencias y los equipos de recuperación en el ideal para
reconocer el hábitat mas idóneo para la especie.
Cuanto más se sabia acerca de la especie, el público, cada vez
mas urbano, continuó alentando su recuperación. Incluso las capturas
ilegales que persisten en ciertas áreas de Norteamérica y Europa
no impiden el crecimiento de sus poblaciones. En Minnesota el
75% del público percibe al lobo de una manera favorable (Kellert
1986), porcentaje que puede ser extrapolado a la mayor parte del
hemisferio Norte.
La población de lobos de Minnesota, de unos 2000 ejemplares
según estimas de Fuller et al (1992), pasó a los vecinos estados
de Wisconsin y Michigan (Thiel 1978; Mech et al. 1995b), donde
en la actualidad se estiman unos 100 ejemplares (Mech et al. 1995a).
Los lobos de Minnesota también se expanden a las dos Dakotas (Licht
& Fritts 1994). Los lobos canadienses que lograron llegar a Montana
recolonizaron el Parque Nacional de los Glaciares (Ream & Mattson
1982). Una pareja incluso sacó adelante a sus cachorros entre
el ganado doméstico en las praderas del este de Rockie (Diamond
1994). Actualmente se estiman en Montana 70 lobos y desde Canadá
se están expandiendo hacia los Estados de Idaho y Washington (Mech
et al 1995a).
Europa ha seguido la misma tendencia. En Italia, a resultas
de la protección proveniente de la investigación y de los esfuerzos
educativos de Boitani (1986) la población de lobos se ha visto
incrementada hasta los 300 individuos que viven incluso en áreas
cercanas a Roma. En España el número de lobos llegó hasta los
1500 - 2000 ejemplares (Blanco et al 1990) y en Polonia alrededor
de los 850 (Bobek et al 1993). Llegados desde la Unión Soviética
se registra una población de 50 lobos en Finlandia (Pulliainen
1993) y una naciente población hacia Noruega y Suecia, cifrada
en la actualidad en 20 - 25 individuos (Promberger et al 1993a).
Los lobos también están llegando desde el Norte de Italia a Francia
y desde Polonia al Este de Alemania (Promberger et al 1993b).
La mejora de la actitud del público hacia los lobos debido a
la publicidad, parejo a un refuerzo de las leyes permitieron su
rápido crecimiento en aquellas áreas que no habían sido habitadas
por ellos desde hacía décadas demostrando la gran capacidad de
adaptación de la especie. Las nuevas áreas loberas incluyen zonas
de alta densidad de carreteras (Fuller et al 1992), mucho más
abiertas, accesibles y urbanizadas. Grupos reproductores viven
en la actualidad a menos de 90 km. de Minneapolis y Saint Paul,
Minnesota. Un lobo radiomarcado en una zona abierta fue localizado
a 30 km. del centro de Saint Paul en una zona de granjas (Wydeven
1994), vagabundeando durante semanas antes de volver al bosque.
Otros ejemplares fueron atropellados al Sur Minneapolis y Saint
Paul o cazados confundidos por coyotes (Canis latrans). Los lobos
llegados a Dakota del Norte y del Sur lo fueron cruzando grandes
extensiones de áreas abiertas ((Licht & Fritts 1994).
En España los lobos viven como coyotes en campos de trigo y
de girasol, viviendo de los desperdicios y de los cadáveres de
los animales domésticos y cazando pequeños mamíferos en regiones
donde la densidad humana no llega a 200 habitantes por km2 (Vila
et al 1993). En Canadá, Alaska, Escandinavia, Oriente Medio y
la mayor parte de Asia la población de lobos es estable o está
en crecimiento (Ginsberg & Macdonald 1990).
Dándoles protección, los lobos expanden su área de distribución
rápidamente (Fuller et al. 1992). La media de las camadas llega
a ser de 5 a 6 (Mech 1970). Los grupos reproductores, que son
territoriales, producen jóvenes cada año los cuales se dispersan
(Fritts y Mech 1981, Gese y Mech 1991) a distancias que pueden
sobrepasar los 800 kilómetros en línea recta (Fritts 1983). Posteriormente
se emparejan dando lugar a nuevos grupos reproductores (Rothman
y Mech 1979) en nuevas áreas ( Ream et al. 1991).
Los lobos se dispersan desde las áreas mas salvajes compitiendo
con éxito con autopistas, tráfico, áreas residenciales, fragmentación
del hábitat y otras molestias causadas por el hombre (Mech et
al. datos no publicados). Algunos probablemente fueron incapaces
de adaptarse, especialmente las primeras oleadas. Los lobos que
se asentaron en áreas semisalvajes probablemente se fueron habituando
poco a poco a las molestias, adaptándose finalmente.
En Italia, España y Portugal donde la mayoría de la dieta de
los lobos la componen desperdicios, los lobos acuden desde las
montañas donde viven por el día hacia las zonas rurales a vagabundear
por las noches (Zimen & Boitani 1979). En Norteamérica existen
altas densidades de ungulados muy cercanas a los centros urbanos
por lo que los lobos tienen grandes cantidades de presas cuando
llegan a estas áreas menos salvajes.
Los lobos al dejarse ver en nuevas regiones consiguen nuevos
apoyos para su recuperación. En Europa, la Red Europea del Lobo,
dedicada a la recuperación del lobo en Europa Central (Promberger
& Schroeder 1993) llega a ser una rama del Grupo de Especialistas
del Lobo de la UICN en 1992. Otras organizaciones han surgido
en Norteamérica clamando por la reintroducción de lobos en sitios
tales como Arizona, Colorado, noreste de Nueva York y Nueva Inglaterra.
Con la llegada del lobo a las áreas agrícolas y ganaderas los
conflictos con los humanos se incrementan enormemente. Por ejemplo,
cuando en Minnesota los lobos aumentaron a un ritmo de un 15%
anual entre 1988 y 1993, el número de lobos matados por el Programa
de Control de Daños del Departamento de Agricultura de los EEUU
se incrementó desde 59 a 139, es decir un 223% (Paul 1994). En
España los daños estimados por los lobos sobrepasa el millón de
dólares al año (Vila et al. 1993).
Con estos conflictos aparece la posibilidad real de un respuesta
negativa por parte del público. No sólo los lobos en áreas semiagrícolas
aumentan sus daños sobre el ganado, lo que encoleriza a esta industria
que además cuenta con fuerte apoyo político, sino que también
matan mascotas. En Minnesota los lobos han conseguido un gran
rechazo del público por matar mascotas (Fritts & Paul 1989). Debido
a que los medios de comunicación empezaron a dar auge a estos
temas, el público percibió una exagerada impresión del problema.
Una fuerte respuesta al sentimiento antilobo podría resultar de
las prácticas de manejo que relegaran de nuevo al lobo a las zonas
más salvajes. Polonia ha experimentado ciclos de persecución y
protección cada tres años (Okarma 1992). ¿Cómo se pueden evitar
estos problemas y que la población de lobos se restaure en tantos
lugares como sea posible?. Hasta que un método de control sin
muerte sea descubierto, parece que los métodos con muerte seguirán
utilizándose para frenar los daños que los lobos ocasionan en
ganados y mascotas.
Varios métodos sin muerte para prevenir pérdidas de ganado han
sido intentados, pero abandonados. Por ejemplo, en Italia y en
otros países de Europa las técnicas de cría de ganado tradicionales
confiaba a perros y pastores el cuidado de los rebaños; tales
técnicas son antieconómicas hoy en día. El uso de perros guardianes
ha sido intentado en Minnesota solo con éxito limitado (Fritts
et al. 1992), aunque el método puede ser útil en casos específicos.
Los lobos también han sido transportados a otras áreas volviendo
muchos de ellos de donde habían sido capturados o bien empezaban
a ser problemáticos allí donde estuvieran (Fritts et al. 1984,
1985). El sistema de aversión condicionada ( Gustavson & Nicolaus
1987) aún no ha resultado ser efectivo con lobos salvajes ( Fritts
et al. 1992). Actualmente un sistema de cercas eléctricas utilizado
en Suecia parece albergar alguna protección para los ganados del
ataque de los lobos, pero aún no ha sido suficientemente probado
( Eles 1986). Además, este tipo de cercas ya probadas para los
coyotes, son generalmente caras, de alto mantenimiento y útiles
únicamente para áreas pequeñas (Dorrance & Bourne 1980, Nass &
Theade 1988).
La compensación por pérdida de ganado ayuda a minimizar la animadversión
del público hacia los lobos especialmente en áreas donde su densidad
es baja y cada lobo es importante para la población. En Italia
la compensación fue esencial para cambiar la actitud del público
en las áreas rurales. Al crecer la población de lobos también
se incrementan los pagos, a veces desproporcionadamente. En un
determinado momento los pagos se harán políticamente impopulares
cuando el público se de cuenta que se está subvencionando a los
lobos mediante el pago a los ganaderos de las pérdidas en su ganado
doméstico. Es por ello que muchas agencias del gobierno son cautelosos,
incluso para el inicio de estos pagos.
Los Defensores de la Vida Salvaje de EEUU, organización privada
sin ánimo de lucro, ha instituido un método de pago alternativo
por daños de lobo con el establecimiento de un fondo para los
ganaderos del Oeste de EEUU, incentivando incluso con 5.000 dólares
por madriguera a que permitan a los lobos sacar adelante sus cachorros
en sus propiedades (Fischer et al.1994). El público puede empezar
a pedir a estas organizaciones animales que asuman estas cargas
del Gobierno a medida que los costes se incrementan. En cualquier
caso, sin controles poblacionales, la gente finalmente podría
poner objeciones a los pagos o a los daños causados por los lobos.
Con su hábitat natural enormemente fragmentado y los lobos adaptándose
a recorrerlo a través de las áreas relativamente pobladas y abiertas,
algunas poblaciones de lobos desconexas están desarrollándose
sin causar daños al ganado doméstico. Por ejemplo, a unos 90 kilómetros
al Noroeste de Minneapolis y Saint Paul en Minnesota, un grupo
reproductor vivió y crió durante al menos dos años en un área
salvaje rodeada por campos agrícolas sin que hubiera daños en
el ganado. Casos similares son conocidos en Montana (Diamond 1994)
y otras partes de Minnesota (Fritts & Mech 1981, Fritts et al.
1992). Esto sugiere que la gestión por zonas permitiría a los
lobos vivir en áreas donde pueden encontrar presas naturales mientras
estén apartados de áreas agrícolas.
El enfoque sería designar áreas de hábitat potencial para el
lobo distinguiéndolas de aquellas que deberían quedar libres de
lobos. La zonificación se emplea normalmente en la gestión de
la naturaleza y ha sido aplicada a gran escala en los planes de
recuperación del lobo (U. S. Fish and Wildlife Service 1975, 1987).
Si la actitud del público continúa inclinándose hacia el proteccionismo,
se daría paso a una zonificación que se aplicaría a pequeña escala
en el sentido de que se mantendrían pequeños santuarios y las
medidas de control sólo se aplicarían fuera de esas áreas.
La escala de la zonificación es importante. Los lobos podrían
estar excluidos de grandes territorios o incluidos únicamente
en los grandes parques nacionales y reservas. O permitir que vivan
en cualquier área que ellos mismos hayan colonizado, siempre y
cuando sus únicas presas sean salvajes. Por ejemplo, en un refugio
de vida salvaje de solo 100 km2 rodeado de fincas ganaderas los
lobos podrían estar protegidos en el refugio pero ser eliminados
fuera de él. Esta es la situación del Parque Nacional de Riding
Mountain en Manitoba que, aunque con una superficie mucho mayor,
es una isla de vida salvaje en un mar de campos agrícolas (Carbyn
1982).
La principal ventaja de una zonificación a gran escala es la
simplificación y eficacia en la gestión. Cualquier lobo en una
zona considerada no apta para lobos o fuera de los grandes refugios
para los lobos sería objeto de control legal mientras que aquellos
del interior estarían protegidos u objeto de manejo. Esta situación
permitiría la existencia de las poblaciones de lobos de los terrenos
del Lago Superior y de muchas de las regiones montañosas del Oeste
de los EEUU, dependiendo de cuan grandes sean las zonas.
La principal desventaja de la zonificación a gran escala es
la necesidad de proteger al ganado que inevitablemente viviría
en el interior de estas vastas zonas. Para Minnesota esto supondría
el mantenimiento de la situación actual, donde cerca de 150 lobos
al año son eliminados por los controladores del gobierno a razón
de 1225 dólares cada uno. Una segunda desventaja sería que probablemente
los lobos no serían admitidos en muchas áreas donde realmente
podrían vivir. Esto significaría que la población mencionada anteriormente
de uno o dos grupos reproductores, que vivían en zonas de ganado
sin causar daños, no se les permitiría la estancia. Además, en
la mayor parte de Europa, donde apenas existen regiones tan amplias
esta zonificación sería muy difícil.
Con respecto a la zonificación a pequeña escala, la principal
desventaja para los gestores es su complejidad. Un simple grupo
reproductor en áreas sin ganado estaría a salvo, pero inmediatamente
eliminado fuera de estas áreas. Esto podría representar algún
tipo de problema en la aplicación de las normas, aunque tales
problemas no serían diferentes a los que en la actualidad existen
para otras especies en refugios para la vida salvaje, parques
nacionales u otras áreas protegidas. Una propuesta de zonificación
de este tipo a pequeña escala hecha en Italia (Boitani & Fabbri
1983) fue rechazada por los grupos proteccionistas debido a la
dificultad de hacer cumplir las leyes y al sentimiento de que
los lobos serían relegados a áreas demasiado pequeñas como para
mantener viables sus poblaciones.
Tales enfoques requerirían probablemente la identificación por
parte de los gestores de áreas posibles para el lobo que cuando
fueran ocupadas por éstos serían reconocidas como zonas santuario.
Los sistemas de información geográfica (SIG) simplificarían enormemente
esta tarea. Cada santuario además podría ser incorporado a los
planes de manejo del ecosistema, estudios de biodiversidad y otras
estrategias para así ser desarrollados como tales.
La principal ventaja de la zonificación a pequeña escala sería
el permitir vivir a los lobos a través de la mayor parte de Europa
y los EEUU en enclaves, similarmente a lo que actualmente ocurre
en Michigan y Wisconsin (Hammill 1993; Wydeven et al. 1994). Por
varias razones este enfoque no requeriría la protección del hábitat
de las muy vastas áreas del Proyecto Tierras Salvajes (Mann y
Plummer 1993). Los lobos que se dispersen a través de áreas no
protegidas estarían sujetos a persecución mientras que aquellos
que se muevan, sobre todo por la noche o fuera de las épocas de
caza, tendrían una probabilidad de sobrevivir. Con un conjunto
de pequeños enclaves de lobos tendríamos un gran número de dispersantes
para colonizar nuevas áreas, suministrando ejemplares a las poblaciones
reducidas, proporcionando suficiente material genético y de este
modo conseguir metapoblaciones regionales. Además, la consanguinidad,
mientras es un problema de los lobos en cautividad (Laikre & Ryman
1991), no lo es en la mayoría de las poblaciones salvajes a causa
de la alta tasa de renovación y la consiguiente selección natural.
Los alelos alterados deberían ser rápidamente eliminados de la
población.
La población de lobos en Isla Real es clarificadora. Isla Real
es un Parque Nacional de 538 km2, situado en el Lago Superior
a 25 kilómetros de Ontario. La isla fue recolonizada por los lobos
hacia 1949 (Mech 1966) probablemente por dos ejemplares no relacionados
entre sí (Rothman & Mech 1979). Estudios genéticos realizados
40 años después nos indican que hubo una sola hembra fundadora
(Wayne et al. 1991). La población se estabilizó en 23 ejemplares
durante un largo período, incrementándose hasta los 50 en el año
1980, la más alta densidad de lobo conocida (Peterson & Page 1988).
A pesar del hundimiento de la población a causa de la consanguinidad
y las enfermedades (Peterson & Krumenaker 1989), los lobos sobrevivieron.
8 lobeznos nacidos en el año 1993 estaban vivos al año siguiente
(Peterson 1994). De este modo, con solo dos fundadores y el 50%
de pérdida de variabilidad genética (Wayne et al. 1991), esta
población ha sobrevivido 45 años. Si esto hubiera sucedido en
el continente, las posibilidades de aporte genético habrían sido
mayores.
Biológicamente hablando, los lobos podrían vivir en casi todas
las regiones de EEUU y en muchos de los países europeos. Desde
su protección han sido citados en 9 estados de la Unión, quizás
en 10. Si la biología fuera el único factor los lobos nunca habrían
sido declarados en peligro de extinción. En toda su área de distribución
han sido perseguidos debido a su tendencia a predar sobre ganado
doméstico y mascotas. Aunque actualmente está incluido en la lista
de especies en peligro de extinción de los EEUU, controles han
sido llevados a efecto en Minnesota, Wisconsin y Montana. Es por
ello que hay razones para creer que el control de los lobos será
paralelo a su recuperación allí donde tenga lugar. (Mech 1979,
Fritts 1993).
El inevitable control del lobo, sin embargo, introduce un elemento
nuevo y complejo en la ecuación que gobierna su futuro en todas
las áreas del mundo: el proteccionismo del lobo. Las mismas actitudes
culturales que permitieron su recuperación alientan también un
grado extremo de proteccionismo. Quienes nos hemos dedicado profesionalmente
a la recuperación del lobo hemos sido tradicionalmente ultrajados
por los colectivos antilobo (Haubner 1990). Ahora, son los amantes
de la especie quienes nos vejan y nos presentan como enemigos
del lobo porque reconocemos que los lobos a menudo requieren control.
Los lobos son vanagloriados por varias razones. Porque solo
matan a presas viejas, enfermas o débiles (Murie 1944; Mech 1970)
y mucha gente cree equivocadamente que sin lobos estas presas
morirían víctimas de enfermedades. Los lobos son también queridos
por el hombre porque son monógamos y tienen lazos familiares leales.
Un libro incluso lleva por título El Alma del Lobo (Fox 1980).
Otras falsas ideas acerca de los lobos alientan su ultraproteccionismo.
Debido al libro Never Cry Wolf de Farley Mowat (1963) y la popular
película basada en el, mucha gente cree que los lobos sobreviven
primariamente a base de ratones más que de ungulados. Ambos son
ficción (Banfield 1964, Pimlott 1966), pero ambos pretenden ser
verdad y son vendidos y mostrados por los museos y otras inocentes
organizaciones educativas. Existen otras falsas concepciones y
anticuados puntos de vista, mitad verdad, a las que muchos proteccionistas
se aferran, como son: que los lobos solo predan sobre ganado doméstico
cuando no existen presas salvajes, que la pérdida de miembros
del grupo familiar causará un caos social en su población, que
los lobos socialmente limitan su propia población, que porque
el lobo está en la lista de los EEUU de especies en peligro significa
que existen muy pocos en cualquier otra parte del mundo, que los
lobos son tan tímidos que saldrán de las áreas actividad humana
o evitarán asentarse en ellas y que tendrán sus cachorros y madrigueras
sólo a muchos kilómetros de éstas.
A causa de estas falsas interpretaciones y del poder de los
grupos de defensa de los derechos de los animales, el control
del lobo es rechazado por la mayoría del público (cf. Garrott
et al. 1993). Esta actitud tiene mayormente tres implicaciones
negativas para la recuperación de la especie. La primera, que
hay gente que venera tanto a los lobos que ante la perspectiva
del control que conllevaría la restauración de las poblaciones
de lobo en ciertas áreas, prefieren que no se reintroduzca. Debido
a que los lobos probablemente tendrán que ser controlados casi
en cualquier lugar que hayan colonizado, este sentimiento se traduce
en presión política en contra de la recuperación del lobo. Segundo,
el sector antilobo, como los propietarios de ganado y organizaciones,
intensifican sus actitudes de rechazo en reacción al extremismo
de la otra parte. Este sector antilobo teme también la posibilidad
del cierre de carreteras u otras restricciones, fomentadas desde
los ambientes proteccionistas que utilizan al lobo para frenar
o detener diversos usos del territorio como la construcción de
áreas residenciales, minas, recorridos en nieve y otras actividades
humanas ligadas a la naturaleza. Tercero, algunos defensores del
lobo recurren al terrorismo (Hayes, com. pers.) y a los anuncios
engañosos (Anónimo 1992). Este fanatismo intimida a los funcionarios
públicos que frenan los programas de recuperecuperación pero que
estarían bien dispuestos a su aplicación.
Por supuesto que el sector prolobo sostiene un amplio abanico
de actitudes. Algunos aceptarán controles en el caso de daños
al ganado pero se oponen a ellos si la finalidad es incrementar
las piezas de caza. Otros aceptarán controles llevados a cabo
por las agencias del gobierno pero no por el público. Mucha gente
aceptará métodos indirectos de control como el cercado, los perros
guardianes o la aversión condicionada. Estos métodos indirectos
son más aceptados porque no implican directamente a los humanos
matando los lobos. Algunos precursores de estos métodos parecen
darse cuenta que impidiendo a los lobos llegar a la presa se reduce
a largo plazo la capacidad de carga del área de distribución de
los lobos fomentando la muerte por inanición y el aumento de muertes
por causa de disputas intraespecíficas (Mech 1994). Esto es especialmente
cierto en países como Italia, España e Israel donde un alto porcentaje
de la capacidad de carga total está comprendida por ganado doméstico;
esto es válido para Norteamérica a pequeña escala. Siempre y cuando
las muertes de los lobos sean indirectas (por lo tanto no tan
obvias) o naturales, la gente las aceptaría; pero no las toleraría
si fuera el hombre el causante directo.
Los controles con muerte son todavía la práctica habitual en
la mayoría de las condiciones. Son varios los sistemas que se
utilizan. El control llevado a cabo por una agencia gubernamental,
el Departamento de Agricultura de los EEUU, que es el más aceptado
por el sector prolobo, pero, con diferencia es el mas caro y en
el que más tiempo se invierte. El que tiene más adeptos entre
los propietarios de tierras es el control que ejercen ellos mismos
o sus guardas en sus propios terrenos, pero lleva demasiado tiempo,
es difícil de supervisar y no existen expertos suficientes que
lo lleven a cabo, excepto para labores de envenenamiento. Operaciones
anuales de captura de lobos con participación pública en los alrededores
de áreas no loberas, similar a la captura de coyotes que se realiza
en la mayor parte de EEUU, podrían ser aplicadas en áreas no loberas
o en las zonas santuario para mantener baja su población tal y
como se hace para el Ciervo de Cola Blanca (Odocoileus virginianus),
Gansos ( Anser sp) y castores en muchas zonas suburbanas. Una
modificación de este tipo de control podría hacerse para el público
con un permiso especial.
Los sistemas no gubernamentales para operaciones de control
son mucho mas baratos pero también son más imprecisos en cuanto
al área o los lobos específicos a capturar y generalmente son
los que tienen más detractores por parte del sector prolobo. Una
excepción sería el control de lobos que el gobierno lleva a cabo
para incrementar las especies de caza en zonas de Alaska y Canadá.
La captura por parte del público de 1200 - 1500 lobos al año en
Alaska apenas conlleva protestas pero los controles que realiza
el estado de 150 lobos para incrementar las especies de caza es
fuertemente contestado (Anónimo 1993). Esto parece ilógico desde
el punto de vista de la biología pero políticamente cada control
estatal permite a los grupos defensores de los derechos de los
animales mostrar este control como un programa gubernamental dañino
que debe de ser parado.
La alta tasa reproductiva del lobo y su tendencia a dispersarse
cientos de kilómetros asegura que son muy pocos los lugares donde
los lobos podrían ser reintroducidos sin que exista ninguna forma
de control. La gente más entusiasta para la recuperación del lobo
son aquellos que no quieren controles lo que lleva a los funcionarios
públicos a no promocionar la recuperación.
La alta tasa reproductiva del lobo y su tendencia a dispersarse
cientos de kilómetros asegura que son muy pocos los lugares donde
los lobos podrían ser reintroducidos sin que exista ninguna forma
de control. La gente más entusiasta para la recuperación del lobo
son aquellos que no quieren controles lo que lleva a los funcionarios
públicos a no promocionar la recuperación.
Parece claro que la mejor manera de promocionar la recuperación
del lobo es fomentando la educación del público acerca del manejo
de la especie y de este modo una proporción significativa de este
público apoyaría la recuperación del lobo y toleraría alguna forma
de control. Los programas educativos deben de incluir el mensaje
que cualquier restauración de una población de lobos implicará
a largo plazo la necesidad de controlarlos (Fritts et al. 1994).
Por supuesto que siempre existirán los defensores de los derechos
de los animales que nunca aceptarán ningún tipo de control. Si
sus puntos de vista fueran percibidos por la mayoría del público
como contraproducentes a la recuperación del lobo, los funcionarios
públicos pueden ser convencidos para que permitan a los lobos
vivir en zonas más amplias que sus primitivas áreas de distribución.
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