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EL RETO Y LA OPORTUNIDAD DE RECUPERAR LAS POBLACIONES DE LOBO


Artículo publicado por L. David Mech en Conservation Biology 9(2): 270-278. Traducido por Borja Palacios Alberti

Introducción
El Lobo Gris (Canis lupus) fue uno de los más firmes candidatos para ser incluido en la Lista de Especies Amenazadas de los EEUU. “La criatura” simboliza en estos momentos especie en peligro y se ha convertido en una causa para numerosos grupos defensores de los animales. Posiblemente por la afinidad que tiene con los perros (Canis lupus familiaris) y seguramente porque la especie ha sido perseguida desde tiempo inmemorial (Young & Goldman 1944), se ha convertido en un nuevo mito; el despreciable y ruin lobo ha sido sustituido por el injustamente perseguido lobo.

Debido a esta circunstancia, las últimas poblaciones de lobo fueron relegadas a las zonas mas vírgenes y salvajes de Norteamérica y a las zonas menos desarrolladas del resto del mundo. De este modo, el público en general y los gestores en conservación de la naturaleza creían que los lobos preferían naturaleza salvaje. La especie venía pues a simbolizar naturaleza salvaje; “lobos y naturaleza virgen y salvaje son inseparables.” (Theberge 1975:152).

El lobo sobrevivió solo en estas zonas salvajes siendo exterminado de otras áreas. Después de que la Ley de Especies en peligro de extinción de EEUU de 1973 protegiera al lobo en 48 Estados contiguos y de que la actitud del público hacia los lobos mejorara, la especie empezó a colonizar una gran variedad de hábitat y a demostrar que no requerían solo naturaleza virgen y salvaje. Sus poblaciones han empezado a recuperarse en el Norte de EEUU y en diversas áreas de Europa. La cuestión futura no será como salvar al lobo sino será cómo realizar el mejor manejo de la especie. Este artículo describe la historia de su status así como de su recuperación y analiza el dilema de su manejo.

Historia y persecución
Originalmente, los lobos grises se distribuían a través de todo el Hemisferio Norte allí donde existían grandes ungulados. Era común en la mayoría de las regiones entre el paralelo 20 (mitad de México e India) y el polo Norte, habitando áreas tan diversas como Israel o Groenlandia y soportando temperaturas entre los -40· y los +40·.

Cualquier especie de ungulado silvestre además del Castor (Castor canadensis) y la Liebre Artica (Lepus arcticus) es presa potencial del lobo; los lobos además pueden fácilmente cambiar hacia presas de animales domésticos por las salvajes. Los conflictos entre los lobos y los humanos comienzan tan pronto cuando el hombre empieza a domesticar a los ungulados.

Las armas de fuego, los venenos y las trampas fueron utilizadas sin piedad contra los lobos con devastadora eficacia (Young & Goldman 1944). En Eurasia, la mayoría de las poblaciones de lobo llegaron a su punto más bajo entre los años 1930 y 1960 (Pimlott 1973; Delibes 1990; Promberger & Bibikov 1993). En las regiones más desarrolladas de Eurasia los lobos desaparecieron excepto de los Apeninos en Italia, de los montes cantábricos del Norte de España, de los Cárpatos del Este de Europa, de ciertas áreas del Norte de la antigua Unión Soviética así como de las llanuras y regiones montañosas de Asia. Algunas poblaciones también permanecieron en los desiertos de Oriente Medio. En Norteamérica, la cifra de lobos más baja corresponde a finales de los años 50. Poblaciones primigenias sobrevivieron en Canadá y Alaska (Mech 1970). En los 48 Estados contiguos de los EEUU solo existían lobos en las partes más salvajes del Norte de Minnesota y en el cercano Parque Nacional de la Isla Real en el Lago Superior.

Revolución medioambiental
La revolución medioambiental fue planteada en la primera norma sobre especies en peligro de extinción de los EEUU; se trataba de la Ley de Especies en Peligro de Extinción de 1966. Esta Ley no protegía las especies en peligro sino que únicamente animaba a las agencias federales a darles una especial consideración y a promover su recuperación.

En este tiempo la información sobre los lobos era anecdótica y basada en rumores. Las primeras notas de Young & Goldman (1944) y los estudios de campo en el Monte McKinley de Murie (1944) fueron prácticamente la única información válida publicada, siguiendo luego unos pocos estudios más. Después del gran impacto producido por la investigación de Durward Allen sobre los lobos y los alces en el Parque Nacional de Isla Real publicado en el National Geographic (Allen & Mech 1963), los estudios sobre los lobos se multiplicaron. En 1967 fue celebrado el primer Symposium sobre el lobo, organizado por la Sociedad Americana de Zoólogos dando lugar al manifiesto de 1967 en el American Zoologist. Para entonces toda la fuerza del movimiento medioambiental se podía notar. Organizaciones privadas sobre el lobo surgen en muchas áreas convirtiéndose la especie rápidamente en popular en los EEUU y en el extranjero.

En Italia Luigi Boitani y Eric Zimen fueron los pioneros en estudiar al lobo en los Montes Abruzzos, al este de Roma (Zimen 1981; Boitani 1986). El Fondo Mundial para la Vida Salvaje (WWF) y la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) tomaron gran interés y el lobo fue incluido en el Libro Rojo de las especies en peligro de extinción de la UICN. El Grupo de Especialistas del Lobo de la UICN fue creado en 1973 (Pimlott 1975).

Mientras tanto el radioseguimiento, técnica especialmente útil para investigaciones sobre el lobo, se desarrolla a partir de los años 60 ( Cochran & Lord 1963). Los lobos eran difíciles de estudiar con los métodos tradicionales ya que estaban restringidos a las áreas más salvajes, son huidizos y sus poblaciones tenían una baja densidad. Kolenosky y Johnston (1967) fueron los primeros que utilizaron la técnica del radioseguimiento con lobos en Ontario. Mech y Frenzel (1971) combinaron esta técnica con el seguimiento aéreo y numerosos estudios usando estas técnicas empezaron a realizarse.

La segunda Ley de Especies en Peligro de Extinción de EEUU, aprobada en 1973, protege al lobo en 48 Estados contiguos a partir de Agosto de 1974. Equipos de recuperación fueron designados por el Servicio de Pesca y Vida Salvaje de los EEUU para las tres subespecies de lobo, – el lobo de los bosques, el lobo de las Montañas Rocosas y el lobo mexicano -, además del lobo rojo (U.S. Fish and Wildlife Service 1975, 1982a, 1982b, 1987). Al principio muchos lobos fueron matados ilegalmente (Mech 1977) pero luego sus capturas decayeron y fueron expandiéndose (Fuller et al. 1992), recolonizando primero las áreas mas remotas y sus alrededores, reforzando la idea de “criatura” salvaje.

La mayoría del público malinterpretó el status del lobo como especie en peligro de extinción en los 48 estados contiguos pensando que esto significaba que no existían lobos en ninguna otra parte del mundo. Los grupos privados empezaron a criar lobos a fin de restaurar sus poblaciones, sin darse cuenta de que Canadá ya por si misma, tenía 50.000 ejemplares. La aparente dependencia del lobo de áreas salvajes fue cuantificada en los años 70 y 80 utilizando la densidad de carreteras como método de medida. Las carreteras fueron las rutas por las cuales tanto el público como el gobierno habían sido capaces de matar lobos. Thiel (1985) encontró que los lobos que recolonizaban Wisconsin solo vivían en aquellas zonas donde la densidad de carreteras era menor a 0.6 km. por km2, valores corroborados para Michigan (Jensen et al. 1986) y para Minnesota (Mech et. Al 1988). El lobo entonces pasó a ser un animal salvaje y el método de densidad de carreteras se convierte para las agencias y los equipos de recuperación en el ideal para reconocer el hábitat mas idóneo para la especie.

Recuperación del lobo
Cuanto más se sabia acerca de la especie, el público, cada vez mas urbano, continuó alentando su recuperación. Incluso las capturas ilegales que persisten en ciertas áreas de Norteamérica y Europa no impiden el crecimiento de sus poblaciones. En Minnesota el 75% del público percibe al lobo de una manera favorable (Kellert 1986), porcentaje que puede ser extrapolado a la mayor parte del hemisferio Norte.

La población de lobos de Minnesota, de unos 2000 ejemplares según estimas de Fuller et al (1992), pasó a los vecinos estados de Wisconsin y Michigan (Thiel 1978; Mech et al. 1995b), donde en la actualidad se estiman unos 100 ejemplares (Mech et al. 1995a). Los lobos de Minnesota también se expanden a las dos Dakotas (Licht & Fritts 1994). Los lobos canadienses que lograron llegar a Montana recolonizaron el Parque Nacional de los Glaciares (Ream & Mattson 1982). Una pareja incluso sacó adelante a sus cachorros entre el ganado doméstico en las praderas del este de Rockie (Diamond 1994). Actualmente se estiman en Montana 70 lobos y desde Canadá se están expandiendo hacia los Estados de Idaho y Washington (Mech et al 1995a).

Europa ha seguido la misma tendencia. En Italia, a resultas de la protección proveniente de la investigación y de los esfuerzos educativos de Boitani (1986) la población de lobos se ha visto incrementada hasta los 300 individuos que viven incluso en áreas cercanas a Roma. En España el número de lobos llegó hasta los 1500 – 2000 ejemplares (Blanco et al 1990) y en Polonia alrededor de los 850 (Bobek et al 1993). Llegados desde la Unión Soviética se registra una población de 50 lobos en Finlandia (Pulliainen 1993) y una naciente población hacia Noruega y Suecia, cifrada en la actualidad en 20 – 25 individuos (Promberger et al 1993a). Los lobos también están llegando desde el Norte de Italia a Francia y desde Polonia al Este de Alemania (Promberger et al 1993b).

La mejora de la actitud del público hacia los lobos debido a la publicidad, parejo a un refuerzo de las leyes permitieron su rápido crecimiento en aquellas áreas que no habían sido habitadas por ellos desde hacía décadas demostrando la gran capacidad de adaptación de la especie. Las nuevas áreas loberas incluyen zonas de alta densidad de carreteras (Fuller et al 1992), mucho más abiertas, accesibles y urbanizadas. Grupos reproductores viven en la actualidad a menos de 90 km. de Minneapolis y Saint Paul, Minnesota. Un lobo radiomarcado en una zona abierta fue localizado a 30 km. del centro de Saint Paul en una zona de granjas (Wydeven 1994), vagabundeando durante semanas antes de volver al bosque. Otros ejemplares fueron atropellados al Sur Minneapolis y Saint Paul o cazados confundidos por coyotes (Canis latrans). Los lobos llegados a Dakota del Norte y del Sur lo fueron cruzando grandes extensiones de áreas abiertas ((Licht & Fritts 1994).

En España los lobos viven como coyotes en campos de trigo y de girasol, viviendo de los desperdicios y de los cadáveres de los animales domésticos y cazando pequeños mamíferos en regiones donde la densidad humana no llega a 200 habitantes por km2 (Vila et al 1993). En Canadá, Alaska, Escandinavia, Oriente Medio y la mayor parte de Asia la población de lobos es estable o está en crecimiento (Ginsberg & Macdonald 1990).

Dándoles protección, los lobos expanden su área de distribución rápidamente (Fuller et al. 1992). La media de las camadas llega a ser de 5 a 6 (Mech 1970). Los grupos reproductores, que son territoriales, producen jóvenes cada año los cuales se dispersan (Fritts y Mech 1981, Gese y Mech 1991) a distancias que pueden sobrepasar los 800 kilómetros en línea recta (Fritts 1983). Posteriormente se emparejan dando lugar a nuevos grupos reproductores (Rothman y Mech 1979) en nuevas áreas ( Ream et al. 1991).

Los lobos se dispersan desde las áreas mas salvajes compitiendo con éxito con autopistas, tráfico, áreas residenciales, fragmentación del hábitat y otras molestias causadas por el hombre (Mech et al. datos no publicados). Algunos probablemente fueron incapaces de adaptarse, especialmente las primeras oleadas. Los lobos que se asentaron en áreas semisalvajes probablemente se fueron habituando poco a poco a las molestias, adaptándose finalmente.

En Italia, España y Portugal donde la mayoría de la dieta de los lobos la componen desperdicios, los lobos acuden desde las montañas donde viven por el día hacia las zonas rurales a vagabundear por las noches (Zimen & Boitani 1979). En Norteamérica existen altas densidades de ungulados muy cercanas a los centros urbanos por lo que los lobos tienen grandes cantidades de presas cuando llegan a estas áreas menos salvajes.

Los lobos al dejarse ver en nuevas regiones consiguen nuevos apoyos para su recuperación. En Europa, la Red Europea del Lobo, dedicada a la recuperación del lobo en Europa Central (Promberger & Schroeder 1993) llega a ser una rama del Grupo de Especialistas del Lobo de la UICN en 1992. Otras organizaciones han surgido en Norteamérica clamando por la reintroducción de lobos en sitios tales como Arizona, Colorado, noreste de Nueva York y Nueva Inglaterra.

Problemas de la recuperación del lobo
Con la llegada del lobo a las áreas agrícolas y ganaderas los conflictos con los humanos se incrementan enormemente. Por ejemplo, cuando en Minnesota los lobos aumentaron a un ritmo de un 15% anual entre 1988 y 1993, el número de lobos matados por el Programa de Control de Daños del Departamento de Agricultura de los EEUU se incrementó desde 59 a 139, es decir un 223% (Paul 1994). En España los daños estimados por los lobos sobrepasa el millón de dólares al año (Vila et al. 1993).

Con estos conflictos aparece la posibilidad real de un respuesta negativa por parte del público. No sólo los lobos en áreas semiagrícolas aumentan sus daños sobre el ganado, lo que encoleriza a esta industria que además cuenta con fuerte apoyo político, sino que también matan mascotas. En Minnesota los lobos han conseguido un gran rechazo del público por matar mascotas (Fritts & Paul 1989). Debido a que los medios de comunicación empezaron a dar auge a estos temas, el público percibió una exagerada impresión del problema. Una fuerte respuesta al sentimiento antilobo podría resultar de las prácticas de manejo que relegaran de nuevo al lobo a las zonas más salvajes. Polonia ha experimentado ciclos de persecución y protección cada tres años (Okarma 1992). ¿Cómo se pueden evitar estos problemas y que la población de lobos se restaure en tantos lugares como sea posible?. Hasta que un método de control sin muerte sea descubierto, parece que los métodos con muerte seguirán utilizándose para frenar los daños que los lobos ocasionan en ganados y mascotas.

Varios métodos sin muerte para prevenir pérdidas de ganado han sido intentados, pero abandonados. Por ejemplo, en Italia y en otros países de Europa las técnicas de cría de ganado tradicionales confiaba a perros y pastores el cuidado de los rebaños; tales técnicas son antieconómicas hoy en día. El uso de perros guardianes ha sido intentado en Minnesota solo con éxito limitado (Fritts et al. 1992), aunque el método puede ser útil en casos específicos. Los lobos también han sido transportados a otras áreas volviendo muchos de ellos de donde habían sido capturados o bien empezaban a ser problemáticos allí donde estuvieran (Fritts et al. 1984, 1985). El sistema de aversión condicionada (Gustavson & Nicolaus 1987) aún no ha resultado ser efectivo con lobos salvajes (Fritts et al. 1992). Actualmente un sistema de cercas eléctricas utilizado en Suecia parece albergar alguna protección para los ganados del ataque de los lobos, pero aún no ha sido suficientemente probado (Eles 1986). Además, este tipo de cercas ya probadas para los coyotes, son generalmente caras, de alto mantenimiento y útiles únicamente para áreas pequeñas (Dorrance & Bourne 1980, Nass & Theade 1988).

La compensación por pérdida de ganado ayuda a minimizar la animadversión del público hacia los lobos especialmente en áreas donde su densidad es baja y cada lobo es importante para la población. En Italia la compensación fue esencial para cambiar la actitud del público en las áreas rurales. Al crecer la población de lobos también se incrementan los pagos, a veces desproporcionadamente. En un determinado momento los pagos se harán políticamente impopulares cuando el público se de cuenta que se está subvencionando a los lobos mediante el pago a los ganaderos de las pérdidas en su ganado doméstico. Es por ello que muchas agencias del gobierno son cautelosos, incluso para el inicio de estos pagos.

Los Defensores de la Vida Salvaje de EEUU, organización privada sin ánimo de lucro, ha instituido un método de pago alternativo por daños de lobo con el establecimiento de un fondo para los ganaderos del Oeste de EEUU, incentivando incluso con 5.000 dólares por madriguera a que permitan a los lobos sacar adelante sus cachorros en sus propiedades (Fischer et al.1994). El público puede empezar a pedir a estas organizaciones animales que asuman estas cargas del Gobierno a medida que los costes se incrementan. En cualquier caso, sin controles poblacionales, la gente finalmente podría poner objeciones a los pagos o a los daños causados por los lobos.

Manejo del lobo por zonas
Con su hábitat natural enormemente fragmentado y los lobos adaptándose a recorrerlo a través de las áreas relativamente pobladas y abiertas, algunas poblaciones de lobos desconexas están desarrollándose sin causar daños al ganado doméstico. Por ejemplo, a unos 90 kilómetros al Noroeste de Minneapolis y Saint Paul en Minnesota, un grupo reproductor vivió y crió durante al menos dos años en un área salvaje rodeada por campos agrícolas sin que hubiera daños en el ganado. Casos similares son conocidos en Montana (Diamond 1994) y otras partes de Minnesota (Fritts & Mech 1981, Fritts et al. 1992). Esto sugiere que la gestión por zonas permitiría a los lobos vivir en áreas donde pueden encontrar presas naturales mientras estén apartados de áreas agrícolas.

El enfoque sería designar áreas de hábitat potencial para el lobo distinguiéndolas de aquellas que deberían quedar libres de lobos. La zonificación se emplea normalmente en la gestión de la naturaleza y ha sido aplicada a gran escala en los planes de recuperación del lobo (U. S. Fish and Wildlife Service 1975, 1987). Si la actitud del público continúa inclinándose hacia el proteccionismo, se daría paso a una zonificación que se aplicaría a pequeña escala en el sentido de que se mantendrían pequeños santuarios y las medidas de control sólo se aplicarían fuera de esas áreas.

La escala de la zonificación es importante. Los lobos podrían estar excluidos de grandes territorios o incluidos únicamente en los grandes parques nacionales y reservas. O permitir que vivan en cualquier área que ellos mismos hayan colonizado, siempre y cuando sus únicas presas sean salvajes. Por ejemplo, en un refugio de vida salvaje de solo 100 km2 rodeado de fincas ganaderas los lobos podrían estar protegidos en el refugio pero ser eliminados fuera de él. Esta es la situación del Parque Nacional de Riding Mountain en Manitoba que, aunque con una superficie mucho mayor, es una isla de vida salvaje en un mar de campos agrícolas (Carbyn 1982).

La principal ventaja de una zonificación a gran escala es la simplificación y eficacia en la gestión. Cualquier lobo en una zona considerada no apta para lobos o fuera de los grandes refugios para los lobos sería objeto de control legal mientras que aquellos del interior estarían protegidos u objeto de manejo. Esta situación permitiría la existencia de las poblaciones de lobos de los terrenos del Lago Superior y de muchas de las regiones montañosas del Oeste de los EEUU, dependiendo de cuan grandes sean las zonas.

La principal desventaja de la zonificación a gran escala es la necesidad de proteger al ganado que inevitablemente viviría en el interior de estas vastas zonas. Para Minnesota esto supondría el mantenimiento de la situación actual, donde cerca de 150 lobos al año son eliminados por los controladores del gobierno a razón de 1225 dólares cada uno. Una segunda desventaja sería que probablemente los lobos no serían admitidos en muchas áreas donde realmente podrían vivir. Esto significaría que la población mencionada anteriormente de uno o dos grupos reproductores, que vivían en zonas de ganado sin causar daños, no se les permitiría la estancia. Además, en la mayor parte de Europa, donde apenas existen regiones tan amplias esta zonificación sería muy difícil.

Con respecto a la zonificación a pequeña escala, la principal desventaja para los gestores es su complejidad. Un simple grupo reproductor en áreas sin ganado estaría a salvo, pero inmediatamente eliminado fuera de estas áreas. Esto podría representar algún tipo de problema en la aplicación de las normas, aunque tales problemas no serían diferentes a los que en la actualidad existen para otras especies en refugios para la vida salvaje, parques nacionales u otras áreas protegidas. Una propuesta de zonificación de este tipo a pequeña escala hecha en Italia (Boitani & Fabbri 1983) fue rechazada por los grupos proteccionistas debido a la dificultad de hacer cumplir las leyes y al sentimiento de que los lobos serían relegados a áreas demasiado pequeñas como para mantener viables sus poblaciones.

Tales enfoques requerirían probablemente la identificación por parte de los gestores de áreas posibles para el lobo que cuando fueran ocupadas por éstos serían reconocidas como zonas santuario. Los sistemas de información geográfica (SIG) simplificarían enormemente esta tarea. Cada santuario además podría ser incorporado a los planes de manejo del ecosistema, estudios de biodiversidad y otras estrategias para así ser desarrollados como tales.

La principal ventaja de la zonificación a pequeña escala sería el permitir vivir a los lobos a través de la mayor parte de Europa y los EEUU en enclaves, similarmente a lo que actualmente ocurre en Michigan y Wisconsin (Hammill 1993; Wydeven et al. 1994). Por varias razones este enfoque no requeriría la protección del hábitat de las muy vastas áreas del Proyecto Tierras Salvajes (Mann y Plummer 1993). Los lobos que se dispersen a través de áreas no protegidas estarían sujetos a persecución mientras que aquellos que se muevan, sobre todo por la noche o fuera de las épocas de caza, tendrían una probabilidad de sobrevivir. Con un conjunto de pequeños enclaves de lobos tendríamos un gran número de dispersantes para colonizar nuevas áreas, suministrando ejemplares a las poblaciones reducidas, proporcionando suficiente material genético y de este modo conseguir metapoblaciones regionales. Además, la consanguinidad, mientras es un problema de los lobos en cautividad (Laikre & Ryman 1991), no lo es en la mayoría de las poblaciones salvajes a causa de la alta tasa de renovación y la consiguiente selección natural. Los alelos alterados deberían ser rápidamente eliminados de la población.

La población de lobos en Isla Real es clarificadora. Isla Real es un Parque Nacional de 538 km2, situado en el Lago Superior a 25 kilómetros de Ontario. La isla fue recolonizada por los lobos hacia 1949 (Mech 1966) probablemente por dos ejemplares no relacionados entre sí (Rothman & Mech 1979). Estudios genéticos realizados 40 años después nos indican que hubo una sola hembra fundadora (Wayne et al. 1991). La población se estabilizó en 23 ejemplares durante un largo período, incrementándose hasta los 50 en el año 1980, la más alta densidad de lobo conocida (Peterson & Page 1988). A pesar del hundimiento de la población a causa de la consanguinidad y las enfermedades (Peterson & Krumenaker 1989), los lobos sobrevivieron. 8 lobeznos nacidos en el año 1993 estaban vivos al año siguiente (Peterson 1994). De este modo, con solo dos fundadores y el 50% de pérdida de variabilidad genética (Wayne et al. 1991), esta población ha sobrevivido 45 años. Si esto hubiera sucedido en el continente, las posibilidades de aporte genético habrían sido mayores.

Biológicamente hablando, los lobos podrían vivir en casi todas las regiones de EEUU y en muchos de los países europeos. Desde su protección han sido citados en 9 estados de la Unión, quizás en 10. Si la biología fuera el único factor los lobos nunca habrían sido declarados en peligro de extinción. En toda su área de distribución han sido perseguidos debido a su tendencia a predar sobre ganado doméstico y mascotas. Aunque actualmente está incluido en la lista de especies en peligro de extinción de los EEUU, controles han sido llevados a efecto en Minnesota, Wisconsin y Montana. Es por ello que hay razones para creer que el control de los lobos será paralelo a su recuperación allí donde tenga lugar. (Mech 1979, Fritts 1993).

El dilema del manejo del lobo
El inevitable control del lobo, sin embargo, introduce un elemento nuevo y complejo en la ecuación que gobierna su futuro en todas las áreas del mundo: el proteccionismo del lobo. Las mismas actitudes culturales que permitieron su recuperación alientan también un grado extremo de proteccionismo. Quienes nos hemos dedicado profesionalmente a la recuperación del lobo hemos sido tradicionalmente ultrajados por los colectivos antilobo (Haubner 1990). Ahora, son los amantes de la especie quienes nos vejan y nos presentan como enemigos del lobo porque reconocemos que los lobos a menudo requieren control.

Los lobos son vanagloriados por varias razones. Porque solo matan a presas viejas, enfermas o débiles (Murie 1944; Mech 1970) y mucha gente cree equivocadamente que sin lobos estas presas morirían víctimas de enfermedades. Los lobos son también queridos por el hombre porque son monógamos y tienen lazos familiares leales. Un libro incluso lleva por título El Alma del Lobo (Fox 1980). Otras falsas ideas acerca de los lobos alientan su ultraproteccionismo. Debido al libro Never Cry Wolf de Farley Mowat (1963) y la popular película basada en el, mucha gente cree que los lobos sobreviven primariamente a base de ratones más que de ungulados. Ambos son ficción (Banfield 1964, Pimlott 1966), pero ambos pretenden ser verdad y son vendidos y mostrados por los museos y otras inocentes organizaciones educativas. Existen otras falsas concepciones y anticuados puntos de vista, mitad verdad, a las que muchos proteccionistas se aferran, como son: que los lobos solo predan sobre ganado doméstico cuando no existen presas salvajes, que la pérdida de miembros del grupo familiar causará un caos social en su población, que los lobos socialmente limitan su propia población, que porque el lobo está en la lista de los EEUU de especies en peligro significa que existen muy pocos en cualquier otra parte del mundo, que los lobos son tan tímidos que saldrán de las áreas actividad humana o evitarán asentarse en ellas y que tendrán sus cachorros y madrigueras sólo a muchos kilómetros de éstas.

A causa de estas falsas interpretaciones y del poder de los grupos de defensa de los derechos de los animales, el control del lobo es rechazado por la mayoría del público (cf. Garrott et al. 1993). Esta actitud tiene mayormente tres implicaciones negativas para la recuperación de la especie. La primera, que hay gente que venera tanto a los lobos que ante la perspectiva del control que conllevaría la restauración de las poblaciones de lobo en ciertas áreas, prefieren que no se reintroduzca. Debido a que los lobos probablemente tendrán que ser controlados casi en cualquier lugar que hayan colonizado, este sentimiento se traduce en presión política en contra de la recuperación del lobo. Segundo, el sector antilobo, como los propietarios de ganado y organizaciones, intensifican sus actitudes de rechazo en reacción al extremismo de la otra parte. Este sector antilobo teme también la posibilidad del cierre de carreteras u otras restricciones, fomentadas desde los ambientes proteccionistas que utilizan al lobo para frenar o detener diversos usos del territorio como la construcción de áreas residenciales, minas, recorridos en nieve y otras actividades humanas ligadas a la naturaleza. Tercero, algunos defensores del lobo recurren al terrorismo (Hayes, com. pers.) y a los anuncios engañosos (Anónimo 1992). Este fanatismo intimida a los funcionarios públicos que frenan los programas de recuperecuperación pero que estarían bien dispuestos a su aplicación.

Por supuesto que el sector prolobo sostiene un amplio abanico de actitudes. Algunos aceptarán controles en el caso de daños al ganado pero se oponen a ellos si la finalidad es incrementar las piezas de caza. Otros aceptarán controles llevados a cabo por las agencias del gobierno pero no por el público. Mucha gente aceptará métodos indirectos de control como el cercado, los perros guardianes o la aversión condicionada. Estos métodos indirectos son más aceptados porque no implican directamente a los humanos matando los lobos. Algunos precursores de estos métodos parecen darse cuenta que impidiendo a los lobos llegar a la presa se reduce a largo plazo la capacidad de carga del área de distribución de los lobos fomentando la muerte por inanición y el aumento de muertes por causa de disputas intraespecíficas (Mech 1994). Esto es especialmente cierto en países como Italia, España e Israel donde un alto porcentaje de la capacidad de carga total está comprendida por ganado doméstico; esto es válido para Norteamérica a pequeña escala. Siempre y cuando las muertes de los lobos sean indirectas (por lo tanto no tan obvias) o naturales, la gente las aceptaría; pero no las toleraría si fuera el hombre el causante directo.

Los controles con muerte son todavía la práctica habitual en la mayoría de las condiciones. Son varios los sistemas que se utilizan. El control llevado a cabo por una agencia gubernamental, el Departamento de Agricultura de los EEUU, que es el más aceptado por el sector prolobo, pero, con diferencia es el mas caro y en el que más tiempo se invierte. El que tiene más adeptos entre los propietarios de tierras es el control que ejercen ellos mismos o sus guardas en sus propios terrenos, pero lleva demasiado tiempo, es difícil de supervisar y no existen expertos suficientes que lo lleven a cabo, excepto para labores de envenenamiento. Operaciones anuales de captura de lobos con participación pública en los alrededores de áreas no loberas, similar a la captura de coyotes que se realiza en la mayor parte de EEUU, podrían ser aplicadas en áreas no loberas o en las zonas santuario para mantener baja su población tal y como se hace para el Ciervo de Cola Blanca (Odocoileus virginianus), Gansos (Anser sp) y castores en muchas zonas suburbanas. Una modificación de este tipo de control podría hacerse para el público con un permiso especial.

Los sistemas no gubernamentales para operaciones de control son mucho mas baratos pero también son más imprecisos en cuanto al área o los lobos específicos a capturar y generalmente son los que tienen más detractores por parte del sector prolobo. Una excepción sería el control de lobos que el gobierno lleva a cabo para incrementar las especies de caza en zonas de Alaska y Canadá. La captura por parte del público de 1200 – 1500 lobos al año en Alaska apenas conlleva protestas pero los controles que realiza el estado de 150 lobos para incrementar las especies de caza es fuertemente contestado (Anónimo 1993). Esto parece ilógico desde el punto de vista de la biología pero políticamente cada control estatal permite a los grupos defensores de los derechos de los animales mostrar este control como un programa gubernamental dañino que debe de ser parado.

La alta tasa reproductiva del lobo y su tendencia a dispersarse cientos de kilómetros asegura que son muy pocos los lugares donde los lobos podrían ser reintroducidos sin que exista ninguna forma de control. La gente más entusiasta para la recuperación del lobo son aquellos que no quieren controles lo que lleva a los funcionarios públicos a no promocionar la recuperación.

La alta tasa reproductiva del lobo y su tendencia a dispersarse cientos de kilómetros asegura que son muy pocos los lugares donde los lobos podrían ser reintroducidos sin que exista ninguna forma de control. La gente más entusiasta para la recuperación del lobo son aquellos que no quieren controles lo que lleva a los funcionarios públicos a no promocionar la recuperación.

La necesidad de educar al público
Parece claro que la mejor manera de promocionar la recuperación del lobo es fomentando la educación del público acerca del manejo de la especie y de este modo una proporción significativa de este público apoyaría la recuperación del lobo y toleraría alguna forma de control. Los programas educativos deben de incluir el mensaje que cualquier restauración de una población de lobos implicará a largo plazo la necesidad de controlarlos (Fritts et al. 1994). Por supuesto que siempre existirán los defensores de los derechos de los animales que nunca aceptarán ningún tipo de control. Si sus puntos de vista fueran percibidos por la mayoría del público como contraproducentes a la recuperación del lobo, los funcionarios públicos pueden ser convencidos para que permitan a los lobos vivir en zonas más amplias que sus primitivas áreas de distribución.

Bibliografía citada

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